Tablas sufridas del Ariznabarra ante un poderoso rival


Publicado el 2020-01-25



ARIZNABARRA 0 - 0 SANTURTZI


Ariznabarra y Santurtzi empataron el sábado un partido en el que los visitantes se encontraron más cómodos a lo largo de los noventa minutos y confirmaron su imagen de equipo serio, bien trabajado, contundente en defensa y con mucho peligro en la vanguardia. Los hombres de Jonatan Torío y Alberto Corujo, sin embargo, tuvieron muchas dificultades para acomodarse a la contienda y no se adaptaron de la misma manera en que lo habían hecho en sus dos anteriores compromisos en casa. Visto lo visto, el punto conseguido ha de valorarse de modo positivo, así como apreciar el buen trabajo defensivo realizado por la escuadra, en especial la línea defensiva. Villén, Castillo, Durana y Josu tuvieron muchísimo trabajo y, en general, lo solventaron con nota. La entidad del rival y su buena adaptación a las reducidas dimensiones del municipal de Ariznabarra confieren mérito al “cerrojazo” puesto al arco defendido por Julen en esta ocasión. Si bien es cierto que el partido careció de brillantez y el peligro llegó básicamente en las jugadas de estrategia, también es verdad que nuestro equipo ha hecho de su feudo un lugar muy complicado para los contrincantes. El Santurtzi se llevó un punto y gozó de mejores ocasiones, pero ese punto le costó su buena dosis de sudor e incluso en el descuento pudo haber visto cómo se les iba de las manos. Un remate de Unceta, que salió por encima del larguero por poco, estuvo a punto de amargar la tarde a los bizkaitarras y llevar la locura a la afición local. Como hemos dicho en otras últimas crónicas, el Ariznabarra no está dispuesto a pasar por la Tercera División como alma en pena y se ha conjurado para que el Floriano Díaz no sea una cancha apetecible para los que lo visitan. Desde su fundación, este club ha imprimido a fuego, como un escudo, una seña de identidad: la generosidad en el esfuerzo. Sí, aquello de “la intensidad no se negocia” no puede quedarse en meras palabras, tiene que ser la premisa “sine qua non”.

Se fueron arriba los locales en el saque inicial, como queriendo avisar al oponente, pero pronto el Santurtzi demostró que tenía muy estudiado el campo gasteiztarra y se hicieron dueños de la situación en apenas cinco minutos. Sin complicaciones en la zaga, con envíos lejanos a los hábiles delanteros y un especial peligro en las jugadas a balón parado, los visitantes fueron muy superiores en la parcela táctica porque hicieron una mejor ocupación de espacios. Así, en el primer saque de banda cercano al área, llegaba su mejor ocasión del partido. Un despiste en la zona de rechace hizo que un jugador morado entrara completamente solo y su golpeo acabó rechazado por el poste, afortunadamente para nuestros intereses. Respondió pronto Durana con un disparo raso y lejano que se fue por muy poco, cuando el cancerbero ya estaba batido. El habilidoso extremo izquierdo santurtziarra era un constante quebradero de cabeza para su marca y las ayudas tuvieron que multiplicarse para abortar sus internadas por banda. La concentración de los zagueros fue de diez y cuajaron uno de sus partidos más completos. Los centrocampistas se las vieron y desearon para salir airosos de cada disputa y, en cierta medida, se les vio algo mermados con respecto al ímpetu morado. Viana, en punta, tuvo que pelear en solitario frente a dos y tres contrarios y su desgaste físico fue enorme. El mayor peligro celeste llegaba en las internadas de Lomba por banda derecha. El pequeño extremo local fue fiel a su máxima: “generoso en el esfuerzo hasta la extenuación”. Todo el equipo tuvo que esmerarse en cada falta, en cada saque de esquina, en cada saque de banda, para desbaratar el peligro aéreo de los vizcaínos. En la mayoría de las ocasiones los despejes evitaron claras ocasiones de gol para el arco de Julen. El banquillo local miraba el cronómetro con deseo de llegar cuanto antes al tiempo de descanso. En la última jugada de esta primera parte gozó el Ariznabarra de su mejor ocasión en una falta en el borde del área cometida sobre Euken. La posición era inmejorable, pero el tiro de Aizpuru por el exterior de la barrera salió muy cerca del poste. Se llegaba a la interrupción con el mejor resultado para los nuestros, incómodos ante un rival fuerte que había sido superior y había llevado la contienda a la modalidad que ellos deseaban.

Era el momento de sentarse, analizar lo sucedido e intentar mejorar. El entrenador local, muy exigente siempre con los suyos, estaba descontento con lo visto en esos cuarenta y cinco minutos. Parece que sus palabras espolearon a los jugadores porque en pocos minutos elaboraron su mejor jugada combinativa, que acabó en tiro de Camino desviado por muy poco. Fue un mero espejismo porque la contienda volvió a la misma dinámica: un Ariznabarra muy impreciso y un Santurtzi con las ideas muy claras. El peligro seguía llegando en la estrategia. Un córner, magníficamente ejecutado, fue cabeceado de manera certera y no acabó en la red por pura fortuna. No era demérito de los nuestros, sino una precisa ejecución de dicha suerte futbolística.  Como el boxeador contra las cuerdas los nuestros se fajaron en cada ataque rival para imposibilitar el pase fácil e intentar el robo de un balón que les permitiera salir al contragolpe con cierto peligro. Así lo logró en un par de ocasiones, que fueron rápidamente neutralizadas por los defensores violetas en falta. El Santurtzi tenía muy claro que no iba a permitir la más mínima situación de peligro. El tiempo iba pasando y, poco a poco, inconscientemente, los celestes empezaron a pensar que obtener un punto en tales condiciones no era del todo malo. Es obvio que la situación clasificatoria nos impele a sumar de tres en tres, pero a veces hay que conformarse con lo que se tiene. No era un buen día para los nuestros, no estaban en su mejor versión, pero el equipo ha aprendido a competir como no lo hacía en algunos partidos de la primera vuelta. En un día gris los nuestros se aferraron a un punto que en otras contiendas, ante el mismo panorama, hubieran perdido sin remisión. Los visitantes apretaban en busca de tres puntos fundamentales para ellos.

Torío no se amilanó e hizo cambios ofensivos, dando entrada a Viñaspre, Unceta e Ismael. Enviaba un mensaje claro: él quería la victoria. El extremo juvenil, Isma, demostró su calidad técnica en el ataque derecho y de sus botas llegó la ocasión que podía haber llevado al éxtasis al banquillo vitoriano. Su preciso centro supero a los centrales del Santurtzi y Unceta conectó un cabezazo, desgraciadamente un poco más alto de lo necesario, para enviar el balón por encima del larguero. Suspiraron con alivio los preparadores foráneos, conscientes de que el ariete local estuvo muy cerca de perforar su portería. Hubiera sido mucha fortuna, demasiada quizá para un conjunto que, al menos, mantuvo la fe hasta ese último momento. No hubo tiempo para más. Reparto de puntos que dejó más contento al Ariznabarra que se llevó el suyo con trabajo estajanovista. ¿Merecido? Sí, porque lo defendieron con uñas y dientes ante un rival muy complicado. Sumar un punto en Tercera no es fácil y cada uno de ellos cuesta lo que vale. Otra semana para trabajar, mejorar y preparar la próxima cita.