La pesadilla del anfitrión continúa


Publicado el 2021-01-21



Resulta casi ocioso elaborar una crónica cuando cada compromiso en nuestro campo parece una fotocopia continua del anterior. Los partidos en Ariznabarra se han convertido en una losa para los nuestros. La metamorfosis que muestra nuestro representante entre los partidos de casa y los de fuera no debe tener parangón. Nuestro feudo se ha convertido en una plaza propicia para cualquier contrincante. Por el contrario, para el Ariznabarra ha pasado a ser un quebradero de cabeza y una reválida imposible de superar. 

     Este miércoles tenía una nueva oportunidad en el partido aplazado por la nieve ante el Basconia. Sin embargo, el Ariznabarra regaló los primeros cuarenta y cinco minutos. Es difícil explicar cómo un equipo que no está acostumbrado a jugar en un terreno de tan reducidas dimensiones como el nuestro se hace con el mando del partido desde el pitido inicial, se impone con una intensidad superior, se lleva cada balón dividido y recoge cada segunda jugada. Los nuestros se veían superados en todas las facetas del juego. Así no es de extrañar que merodearan con peligro el área celeste hasta que en el minuto 22 uno de esos balones mal despejados llegó a los pies de un centrocampista gualdinegro en las inmediaciones del área sin nadie que le impidiera armar la pierna y batir a Guillermo de potente y ajustado disparo al poste. Muchas facilidades a jugadores con la calidad de un filial de equipo de Primera División. 

     Como tantas veces, volver a remar a contracorriente. Es obvio que el gol contrario siempre es una posibilidad, parte del juego, la habilidad de un rival que también juega y que en Tercera División siempre es bueno. Sin embargo, cuando se produce porque no se ha afrontado la lid con los cinco sentidos es difícil de asumir. 

    Sí el pasado sábado alabábamos la puesta en escena del equipo en Pasaia, en esta ocasión hay que decir que los errores en la toma de decisiones fueron constantes y todo lo bueno que se vio en el Jesús Mari Zamora se tiró por la borda en esa primera mitad. Acabó sin una sola ocasión de peligro a nuestro favor. Incluso, en la última jugada a punto estuvo de llegar el segundo del Basconia en un balón que salió rozando el poste. 

     El descanso era más necesario que nunca. Había que cambiar drásticamente lo visto para buscar alguna opción de sacar algo positivo. Y es cierto que se vio un cambio de actitud evidente, con todos los condicionantes que debería haber mostrado desde el pitido inicial del partido. Se vio alma y espíritu y lo intentó hasta el último minuto con más furia que juego, pero hizo que el preparador visitante, Patxi Salinas, temiera por si en alguna jugada se le fuera el partido. 

   Una buena jugada de Isma por banda derecha acabó en un centro preciso que remató Maroan por encima del larguero. También la entrada de Moha, con alguna incursión en el área y centro llevó el peligro al arco visitante. Presionaron también con jugadas a balón parado y en una de ellas el cancerbero bizkaitarra salió a destiempo a despejar de puños el balón y acabó por conectar con la cabeza de Castillo. A nuestro juicio era penalty tonto pero claro. Mucho pedir para el árbitro. 

     Tampoco se puede olvidar que en los últimos minutos, con el adelanto de líneas a la desesperada, pudo suponer la puntilla para los nuestros. Fue una segunda parte donde se vio un Ariznabarra correoso, herido en el orgullo, pero a todas luces insuficiente tras incomparecer en el primer acto. 

    No hay mucho tiempo para lamerse las heridas. El domingo volvemos a recibir a otro rival difícil, el Anaitasuna. Pero el mayor rival seremos nosotros mismos. Cuando las cosas no salen sólo queda buscar solución.