¡Qué manera de pisotear las ilusiones de un club!


Publicado el 2021-01-31




Sodupe 3 - 1 Ariznabarra 

 

     Es difícil redactar esta crónica recién terminado un partido que supuso un duro golpe para nuestro equipo. Es difícil porque no somos partidarios de buscar excusas, de escudarnos en cualquier aspecto accesorio a lo que es el propio fútbol. Sabemos bien lo que somos y estamos preparados para cualquier circunstancia. Como ocurre en otras categorías, el recién ascendido, el que no tiene nombre, el "pequeño",  sabe que no va a verse favorecido en la mayoría de los casos. Pero lo visto el sábado en Sodupe se escapa a cualquier explicación y no se puede analizar sin tener en cuenta la incidencia absoluta que la actuación del trío arbitral, sobre todo el principal, tuvo en el desenlace del partido. 

                Sinceramente, el arbitraje que se vio en el campo bizkaitarra desprestigia la Tercera División y puede servir de ejemplo en el Comité de Árbitros para enseñar a sus colegiados lo que no debe hacerse en un terreno de juego. Después de muchos años en la Regional Preferente Alavesa, con las limitaciones propias de nuestra Federación, nunca habíamos visto un arbitraje tan falto de conocimiento, actitud, talante, etc. Había un informador arbitral en la grada. Esperemos que haga su trabajo y elabore el oportuno informe de manera ecuánime.

               Han de disculparnos los lectores de esta crónica una redacción realizada con esa mezcla de enfado y desolación del que se siente objeto de una injusticia. Cada punto nos cuesta un mundo, pero el sábado una acción, una sola acción, sirvió para tirar al traste un trabajo encomiable de nuestros jugadores. Intentaremos describir la jugada que, por mor de un árbitro bisoño y -lo que es más grave- desconocedor del reglamento, se convirtió en un absoluto esperpento y dislate. Todos cometemos errores y nosotros más que nadie, pero no nos duelen prendas en reconocerlo. Suponemos que tal decoro no es patrimonio de un árbitro que debería analizar seriamente su actuación, así como debieran hacer sus designadores. Dudamos que hubiera pitado a alguno de los líderes de la categoría.

                Transcurría el minuto tres de la segunda mitad, con ventaja en el marcador para los nuestros por cero a uno. Un robo de balón de los celestes continúo con un pase al espacio para la llegada de Molero en carrera superando a su marca y dirigiéndose hacia portería. Incapaz de robarle el balón, el defensa le derribó por detrás. El árbitro señaló la falta, que debería haber sido acompañada de una tarjeta (dejamos a su elección si amarilla o roja). El Ariznabarra sube a sus centrales en busca del remate. En ese intervalo  de pocos segundos, el trencilla anula la decisión y ¡pita falta a favor del Sodupe! Eso no es lo peor. Con el jugador objeto de la falta en el suelo deja sacar la falta rápidamente cuando todos los nuestros se dirigían hacia el campo contrario, con toda la retaguardia descolocada, y el pase le llega al delantero centro en clarísimo fuera de juego. Se planta ante Guillermo y le bate por bajo.

                Es difícil explicar la mezcla de incredulidad, impotencia, rabia… que se cernió sobre todos los jugadores gasteiztarras. Se puede decir que quedaba mucho tiempo, pero el golpe fue tan fuerte que noqueó a los nuestros como si hubiera sido en el último minuto. Durante cinco minutos tanto el plantel como el cuerpo técnico quedaron “groguis”. Fruto de tal circunstancia, que dinamitó la concentración de los jugadores de Jonatan Torío, se produjo un error defensivo que acabó con otro gol del delantero centro. Fueron cinco minutos fatídicos provocados por una decisión que en Justicia podría definirse como “prevaricadora”: tomar una decisión a sabiendas de que es injusta. Eso debería bastar para inhabilitar a un árbitro en categoría nacional. Triste, tristísimo papel el de un joven colegiado que nunca debió dirigir un partido en el que ambos contendientes se jugaban tanto. Sentimos ser tan duros con él y, si quisiera, gustosamente le pediríamos disculpas si tuviera a bien corresponderlas. Sin embargo, en ningún momento tuvo la elegancia de dirigirse a nosotros e intentar explicar algún atenuante a su decisión.

                Cualquier lector puede pensar que esto no es sino el ejercicio del derecho al pataleo, pero ¡cómo sería la situación que todos los jugadores rivales reconocieron a los nuestros que la jugada había sido un despropósito!. No podían dar crédito a lo acontecido. Los entrenadores locales bien sabían que habían sido favorecidos de manera extraordinaria. Pero tal reconocimiento obviamente era baldío cuando el juez había dictado sentencia. Una decisión sencilla, la más sencilla que puede tomar un árbitro, cuando los jugadores del equipo contrario están rezando porque su compañero no vea la tarjeta roja, fue obviada de forma incomprensible y tiró por la borda una muy buena actuación del Ariznabarra hasta ese momento.

                Los primeros cuarenta y cinco minutos mostraron a un equipo muy serio, tremendamente concentrado y con peligro cada vez que salía al contragolpe. Ya en el minuto dos hubo una clara mano en el área local pero no quiso pitar penalty el protagonista del partido. Estaba bien colocado el Ariz en el campo y pronto consiguió transformar la sensación de peligro en gol. Una hermosa jugada elaborada entre Viana, revolviéndose tras un saque de banda y dando un pase en profundidad a Moha, que se adentró en el área y centró raso a la llegada de Isma que perforaba la meta rival. Poco después empezaba el festival tarjetero del árbitro, que cargaba con sendas cartulinas amarillas a Mikel y Orobio. Los locales también inquietaban el área celeste, pero en general se defendían bien los del barrio. Una jugada muy parecida a la del gol, con una nueva incursión de Moha en el área estuvo cerca de encontrar rematador en un compañero pero se adelantó un defensa para despejar a córner.

                La útlima jugada del partido dio otra muestra de la calidad del árbitro. Una falta botada al área visitante acabó con una falta clarísima a Castillo cuando iba a despejar, no la pitó y con el balón en juego pitó el final del primer tiempo. Los jugadores del Sodupe se abalanzaron sobre él para reclamarle y, no solo tuvo todo el aguante para hacer oídos sordos a sus quejas, sino que permitió que le acompañaran hasta su vestuario entre continuas protestas. Falto de personalidad, salió influenciado en la reanudación y bien que lo pagó el conjunto gasteiztarra. Toda esa permisividad hacia la protesta local, se transformó en implacabilidad hacia la nuestra. Rosario de tarjetas ante las lógicas e indignadas reclamaciones de los nuestros tras la jugada del primer gol y otros pasajes del partido. Pérdida de papeles y búsqueda de banquillo y jugadores de la grada.

                Tras esos cinco minutos de púgil sonado, los nuestros volvieron a pelear con denuedo por lograr el empate y tuvieron varias llegadas al área contraria con peligro, pero ninguna de ellas supo ser culminada por los delanteros celestes. A veces el tiro se topaba con un defensa en la trayectoria, otras se marchaba por encima del larguero, como en una muy clara de Castillo, otras ni siquiera se tiraba cuando se estaba apenas a tres metros de la portería. Esos errores están en nuestro debe y sabemos que parte de la derrota también está en nuestro haber, por supuesto. Somos exigentes con nosotros, mucho, y la reprimenda al jugador a veces es despiadada. No sabemos si el árbitro será reconvenido, pero lo cierto es que tiró por tierra las ilusiones de un equipo que pelea por ser digno de la categoría. Un partido sin público y el árbitro quiso demostrar su personalidad ensañándose con el equipo visitante. Inconcebible.

                En el último minuto del partido, con los nuestros a la desesperada en busca del empate, llegó la puntilla con el tercero. Enhorabuena al rival y camino del vestuario. Sintiéndolo mucho, no quisimos despedir al trío arbitral. Sólo hubiera conllevado la posibilidad de una sanción y los nuestros mostraron gran sangre fría. Sentimos, de nuevo, ser tan duros con tres personas que suponemos que querrán disfrutar de una labor tan difícil como es el arbitraje, pero cuando no se está bien preparado hay que ser consciente de ello y aprender. Una categoría nacional, como esta Tercera División, no está para dar oportunidades a “jóvenes talentos” si demuestran tal carencia de aptitudes.

                Estas no son sino las palabras del cronista, que ofrece su visión del partido y de lo que ve en el mismo. Es algo escrito “en caliente” para dejarlo atrás cuanto antes. No va más allá de eso, no pretende cebarse con nadie (de hecho, omitimos la identidad de los árbitros). Les deseamos, si siguen en esta “profesión”, que lo del sábado fuera un mal, malísimo día, que aprendan de lo sucedido y no vuelvan a cometer tamaña injusticia. Nos duele lo sucedido por nuestros jugadores, que llevan meses entrenando duro por pelear lo que para muchos parece imposible. Si, como nunca, hemos sido hirientes no es sino por la profunda tristeza de ver a nuestros jugadores hundidos tras el partido.

                Ahora toca olvidar. El miércoles tenemos otra final ante el San Ignacio y el lunes, en el entrenamiento, hay que centrarse en ese partido sin perder la más mínima pizca de segundo en un partido que ya es punto y final. A seguir trabajando duro.

La crónica y por hoy terminamos , el miércoles más y mejor

Buen finde