Crónica del Ariznabarra-Balmaseda


Publicado el 2021-06-13



 

                Hay un tiempo para todo: un tiempo para el comienzo y un tiempo para el final, un tiempo para el saludo y un tiempo para la despedida. Y hoy ha llegado el momento de decir “adiós”, de escribir la crónica del último partido del Club Deportivo Ariznabarra en su primera participación en la Tercera División. ¡Ojalá no sea la última!, aunque a partir de ahora la competición tenga otro nombre tras  la reestructuración de las categorías de la RFEF. En realidad ésta es la crónica del balance de las dos última temporadas, más allá del partido de este sábado contra el Balmaseda. Curiosamente los bizkaitarras han sido el primer y último equipo que hemos tendido como rival en nuestra andadura en Tercera. Una forma bonita de acabar el ciclo. Los arlequinados todavía tenían opciones de salvar la categoría mientras los nuestros, ya descendidos, no querían ser un mero invitado de piedra.

     Y a fin que no lo fue. El conjunto de Jonatan Torío dio una lección de lo que es "profesionalidad". Los celestes disputaron el partido como si de una final se tratara. Tuvieron que soportar el constante desprecio de un rival que venía con la idea de que los nuestros iban a jugar a medio gas. El Balmaseda no sabía de qué casta están hechos estos jugadores. 

      Cuajaron un partido realmente espectacular, con inferioridad numérica toda la segunda mitad y fueron capaces de empatar en dos ocasiones con sendos cabezazos de Euken. Sólo la actuación alevosa de un árbitro alavés, que, como siempre, hizo un arbitraje calamitoso cosiendo a tarjetas a nuestro equipo, impidió que el Ariznabarra consiguiera el resultado positivo que se merecía. Partidazo de los nuestros. Enorme actuación para estar orgullosos de un equipo que acabó la temporada con una dignidad que pocos equipos tienen. 

       Como decíamos anteriormente, hay que hacer balance de estas dos temporadas en el “cielo”. Para un club que el próximo año cumplirá su cincuenta aniversario, un club de un pequeño barrio de Vitoria-Gasteiz, formar parte durante dos años de la cuarta categoría del fútbol español ha sido un verdadero hito. Hemos comprobado que en este caso es más importante ser cola de león que cabeza de ratón. Nos hemos sentido privilegiados de poder competir con grandes equipos, algunos de ellos  representantes de grandes poblaciones, campos como Las Llanas, La Florida, Zubieta, Unbe, entre otros. Y también, en la mayoría de las ocasiones, hemos sido tratados con un enorme respeto por los clubes rivales.

                Hoy, por supuesto, es el día para reconocer el mérito de los jugadores que han defendido nuestra camiseta durante estos años, en especial éste último por las condiciones que ha impuesto el COVID-19. Casi diez meses de trabajo, esfuerzo y sacrificio,  de  entrenar sin vestuarios, de vestirse en las gradas con fríos y humedades,  de los molestos tests de antígenos cada semana –aunque hemos sido unos privilegiados al poder disponer de ellos-y de la exigencia que el cuerpo técnico les impuso como si de profesionales se trataran. Hombres que han jugado por orgullo deportivo, por AMOR AL JUEGO, sin otra compensación que la de medirse  de tú a tú a rivales semi-profesionales en muchos casos, con mayores o menores emolumentos económicos en el 95% de los casos.

                Algunos han jugado lesionados mostrando un compromiso al grupo que pocas veces se ha visto. Han sufrido derrotas duras, dolorosas, pero siempre han vuelto al campo de entrenamiento el siguiente día con el objetivo de ganar el próximo partido. Hay que recordar que el núcleo duro de este equipo han sido jugadores que lograron el ascenso desde la Regional Preferente alavesa, veteranos que han sido el alma del equipo, un “grupo de amigos” que en el campo han defendido el escudo celeste como auténticos profesionales. A todos ellos, desde estas líneas, sólo les podemos decir: “GRACIAS”. También a esos que vinieron a suplir las vacantes que quedaron tras el ascenso y que, desde su experiencia en la categoría, dieron al equipo un salto enorme de calidad y competitividad.  Y lo más importante: pasaron a formar parte de indisoluble de esa “cuadrilla de amigos”. Todos ellos merecieron más de lo que finalmente la clasificación reflejó. A todos ellos sólo les podemos desear lo mejor. Tampoco debemos olvidar a todos aquellos que lograron el ascenso y no tuvieron la oportunidad de participar en la categoría alcanzada. Ni a los que jugaron en la primera temporada en Tercera –desgraciadamente interrumpida por la pandemia- y no continuaron en la siguiente. Todos fueron partícipes de temporadas históricas para nuestro club.

Por supuesto, al frente de la nave celeste durante estos últimos cuatro años tenemos que reconocer la labor de Jonatan Torío, el  entrenador que al comando de un equipo inolvidable logró el histórico ascenso a Tercera y tuvo la confianza del club para dirigirlo en las dos campañas en  la misma.  El entrenador que atesora el mejor palmares de nuestra historia. Se despidió hace varias jornadas y ha seguido trabajando con la misma dedicación hasta el  último del último partido. ¡Ojalá algún otro pueda superar sus logros pero será realmente difícil! Allá donde vaya le deseamos toda la suerte del mundo y nuevos retos que le satisfagan. Como buen capitán ha tenido buenos vasallos. Un recuerdo, por supuesto, para Alberto Corujo,  que compartiera labores  técnicas el primer año y parte del segundo, un hombre que se desvivió por el bienestar de los jugadores entregándose por completo. También importante Gerardo Larrea, que ha sido la mano derecha del mister durante estos últimos meses y se ha  implicado a conciencia.

Continuamos con el entrenador en la sombra, Juantxo Santano, que ha sido fundamental en múltiples aspectos, aportando en cada entrenamiento su experiencia y conocimientos. César Gil, “Boli”, otro componente de aquella otra gran generación que tantas alegrías dio al club en sus años en el primer equipo. Y estos años, más que un delegado. Olatz Fernández, fisioterapeuta, enfermera, preparadora física, que ha realizado una labor excepcional con los jugadores. Otro pilar importante. Gaizka Olano, jugador que debido a una grave lesión, se ha perdido toda la temporada y que ha querido estar en cada partido como delegado. Todos deseamos que el año que viene vuelva a los terrenos de juego.

Otra columna fundamental: Roberto Ferrero, entrenador de porteros de gran  categoría, que ha hecho un trabajo soberbio con nuestro portero, Guillermo. También en su día con el otro portero del ascenso, Txapu. Además ha sido fundamental para el buen ambiente del equipo. “And last but not least”, el que suscribe esta crónica como lo ha hecho estas dos temporadas, Ritxi García, que ha tenido el privilegio de vivir dos años maravillosos en Tercera División, nuestro mayor logro, y que los ha disfrutado como un  niño. A todos ellos GRACIAS por su implicación.

 

P.S. Por último dar las gracias a tres personas que nos han ayudado a lo largo de estas temporadas con su patrocinio: Rebeca López, de Kirey Estilistas, David Chávarri, de Clínica Reyes de Navarra, y Jonatan Lomba, de “Electricidad Astan”. Los tres, con su ayuda desinteresada, sin buscar ninguna otra contraprestación, han sido muy importantes para que pudiéramos salir adelante en nuestras temporadas en Regional Preferente y Tercera. Para equipos como el nuestro este tipo de personas son fundamentales. Rebeca, Chava, Lomba, GRACIAS!